"Construye el mundo que quieres desde ti"

La comida y las emociones


Desde que somos bebés el hecho de alimentarnos lo asociamos a sensaciones positivas y agradables como el cuidado, la seguridad y el placer.
Además cuando comemos a nivel físico se activa el sistema nervioso parasimpático que se asocia a la relajación y se inhibe el sistema nervioso simpático que se relaciona con estados de alerta, miedo o ansiedad.
Por otro lado, la comida también se vincula a un acto social en el que se refuerzan los lazos afectivos con los demás ya que prácticamente todas las celebraciones (familiares, amistad o laborales) se realizan en torno a una buena mesa, con lo que el concepto de alimentación es mucho más complejo que el simple hecho de proporcionar a nuestro cuerpo los nutrientes necesarios para estar saludables.

El problema surge cuando utilizamos la comida para llenar vacíos en nuestra vida, es decir, cuando comemos por ansiedad, aburrimiento, para evadirnos de situaciones frustrantes o incluso para premiarnos.
La otra cara de la moneda igualmente negativa, surge cuando tratamos a nuestro cuerpo como si fuera un enemigo y lo sometemos a dietas restrictivas que lo enferman, pensando que todos nuestros problemas ( de autoestima, trabajo, pareja, etc.) se resolverán adelgazando.

La comida está muy relacionada con las emociones porque éstas determinan en muchas ocasiones nuestra forma de comer (por ejemplo hay personas que cuando están preocupadas dejan de comer y otras por el contrario comen más) y porque hay alimentos que nos causan un cierto estado de ánimo.
Es por esta razón que muchas dietas, aunque sean seguidas por un nutricionista, no tienen éxito, y es porque no se tiene en cuenta el factor emocional.

Pero, ¿cómo sabemos que realmente tenemos necesidad física de comer  y cuándo el hambre es de tipo emocional? 

Cuando tienes hambre física, puedes esperar hasta la hora de la comida, comes lo que haya en la mesa y haces caso a las señales que te envía tu cuerpo para indicar que ya estás satisfecho. Cuando estás dominado por las emociones experimentas antojos repentinos, tienes que comer de forma inmediata, un alimento en concreto y sigues comiendo incluso si ya estás lleno.
Otra señal de que puede existir un problema es cuando la comida ocupa la mayor parte de nuestros pensamientos, cuando creemos que ésta es la solución para todo lo que nos ocurre y no nos deja tiempo para otras actividades.

Para que la comida ocupe el espacio que le corresponde en tu vida, trata de seguir estos pasos:

- Come cuando tengas hambre. Respeta unos horarios diarios de comidas, así te será más fácil identificar cuándo te sientes hambriento realmente. No dejes mucho tiempo entre comidas y así será más difícil que te des atracones.
- No utilices la comida como premio o castigo. Es frecuente escuchar eso de "si no te comes el pescado, no habrá postre" o al contrario "si te comes el pescado te daré una chocolatina".
- Tómate tu tiempo para comer. Que las horas de las comidas sean como un ritual. Siéntate a la mesa,
mastica despacio, saborea los alimentos, préstale atención a su aroma y textura. Y olvídate durante esos momentos de la televisión o el ordenador.
- Aprende a identificar tus emociones respecto a la comida y busca conductas alternativas. Es bueno que lleves un registro en el que indiques qué alimentos y en qué cantidades comes cuando estás enfadado, triste o nervioso.

Recuerda siempre acudir a los profesionales (nutricionistas y psicólogos) ante cualquier problema que no puedas resolver tú solo.
Y si me necesitas ya sabes que estoy en liberapsi@gmail.com