"HAZ DE TU EXISTENCIA UNA OBRA DE ARTE"

Saber perdonar y pedir perdón


El ser humano es ante todo un ser social, y la convivencia en sociedad implica una relación con los demás con las particularidades y diferencias propias de cada persona que en ocasiones puede verse afectada e incluso rota por ofensas o malentendidos.
Todos hemos tenido heridas, sufrimientos que nos atrapaban en sentimientos dolorosos hacia determinadas personas y que, inevitablemente, repercutían en nosotros mismos. Normalmente acabamos solucionándolo para seguir adelante con nuestra vida, pero cuando este resentimiento no se supera y lo incorporamos a nuestro día a día volviendo con la imaginación una y otra vez al origen del resentimiento, que ya no es objetivo porque la memoria y la vivencia emocional lo modifica, esa rabia, esos deseos de venganza ya enquistados se convierten en el centro de todas nuestras acciones y dificulta en gran medida el desarrollo de objetivos propios poniendo en peligro muchas otras áreas de nuestra vida. Es como mantenerse en una prisión que pensamos que solo se abrirá cuando el otro me dé la llave. Y no es así. Cada cual tiene la capacidad de liberarse de ese círculo vicioso creado por el resentimiento y los deseos de venganza. Estos son unos sentimientos más habituales de lo que podemos suponer y nos atan al pasado recordando continuamente lo sucedido, oscurece un presente falto de objetivos e hipoteca el futuro al estar pendiente del momento en que podamos resarcirnos del daño recibido.
Muchas de los conflictos que se viven en diferentes ámbitos (divorcios, rupturas amorosas y de amistad, relación padres-hijos...) pueden solucionarse si entra el juego el perdón.
Independientemente de las connotaciones ideológicas, religiosas, jurídicas, etc. que pueda tener este concepto, lo cierto es que aprender a perdonar y pedir perdón es algo que nos beneficia a nivel físico (entre otras cosas, disminuye los problemas cardiovasculares) y emocional (mayor seguridad en sí mismo, menor ansiedad, menor depresión, etc.).

El perdón no es...
El perdón no es sinónimo de reconciliación o de reanudar la relación con el ofensor, porque por sí mismo no elimina el sentimiento causado por la ofensa.
Tampoco significa el olvido inmediato del daño. Perdonar una injusticia o un daño profundo requiere tiempo, no es algo de un día para otro sino que implica un proceso más o menos largo y que abarca diferentes grados (desde el verdadero perdón hasta el perdón menos sincero que deja siempre un resquicio a la ofensa para salir cuando menos lo esperamos), dependiendo del tipo de ofensa, si se obtiene o no justicia o reparación del daño, la capacidad de perdonar del ofendido, si se obtienen o no ganancias secundarias al no perdonar y mantener la situación problemática (por ejemplo obtener o llamar la atención) entre otras cuestiones.
Quien ha sido dañado está en su derecho de enfadarse con el agresor; no tiene por qué justificar ni obviar la ofensa, ni tampoco evitar la restitución del daño por su parte. Eso está ahí y más que reprimirlo u olvidarlo (porque así nunca se superará del todo), lo ideal es saber reconocerlo, vivir todas las emociones que provoque en cada momento para poder superarlas y procurar que no se vuelva a repetir.

Perdonar es una respuesta personal y voluntaria. Nadie puede obligarnos aunque seamos conscientes de los beneficios que conlleva.  
Perdonar supone soltar un lastre inútil de nuestra mochila vital que nos impide avanzar, supone no
quedarse en el fango en el que nos introduce quien nos ofende, supone abandonar el papel de víctima en el que nos anclamos.
Es un cambio que hago por mí, no por la otra persona, porque me beneficia física y emocionalmente y no me esclaviza a ningún sentimiento destructivo que acaba perjudicándome.

Por otra parte, pedir perdón, implica dos cosas importantes: la primera es que al hacerlo estamos considerando que hemos cometido un error que ha causado un daño a otra persona, y la segunda es que estamos teniendo en cuenta las emociones del otro.

¿Cómo puedo hacerlo?
- Habla de forma sincera, reconoce tu responsabilidad sin justificarte ("lo hice pero fue porque...", "lo siento pero...") y asume las consecuencias derivadas de tus acciones.
- Trata de reponer en la medida de lo posible el daño causado.
- No esperes que por el hecho de pedir perdón el problema se resuelva sin más.
- No pidas que "perdonen y olviden". Recordar el daño causado y el malestar que hemos sentido nosotros mismos al provocarlo evitará que volvamos a repetir el mismo error.

Perdonarse a sí mismo.
Tan importante como saber perdonar y pedir perdón es perdonarse a uno mismo. Hay personas que rememoran sus fallos y acciones pasadas continuamente. Piensan de forma constante "si esto lo hubiera hecho así...", "debería haber hecho esto otro...", "si volviera atrás no haría tal cosa...", cuando en realidad lo más probable es que sí lo volvieran a hacer de la misma manera. ¿Por qué? Porque nuestras acciones son fruto de los conocimientos, herramientas y recursos de que disponemos en una etapa concreta de la vida y ante unas determinadas circunstancias que no son las de hoy, las del momento presente. Pensar en acciones cometidas hace diez años comparándolo con lo que haríamos en la actualidad es inútil. Lo que sabemos hoy tiene mucho que ver con esas acciones pasadas que nos han proporcionado una experiencia y un saber hacer nuevo. Volver al pasado es imposible, pero aprender de las equivocaciones para no volverlas a cometer sí está en nuestra mano.

Por eso, deja de atormentarte por lo que no tiene solución, perdónate y empieza de nuevo.

Este es un tema muy controvertido por la infinitud de matices que puede llegar a presentar y sobre el que cada uno seguro que tiene una opinión distinta; lo que está más o menos claro al respecto es que cuanto más nos liberemos de cargas negativas, más y mejor podremos vivir nuestra vida.

¿Qué opinas al respecto? Cuéntamelo en liberapsi@gmail.com