"HAZ DE TU EXISTENCIA UNA OBRA DE ARTE"

Recorriendo el camino


Es fácil imaginar el camino como metáfora de la vida debido a la similitud de elementos que la componen.
El camino, como la vida, en ocasiones se desarrolla por senderos llanos, fáciles de transitar y una temperatura agradable en el ambiente; en otras, el camino se endurecerá un poco más, tendremos que dar algún rodeo, encontraremos desniveles y malas hierbas que nos harán más difícil el avance, hará calor, lloverá o nos atrapará la noche y muy a menudo encontraremos desvíos inesperados, bifurcaciones confusas que nos harán dudar de nosotros mismos y en los que llegaremos a creer que nos hemos perdido durante el trayecto.

El camino es difícil, a veces nos arrastra la pereza o nos invade el miedo de no ser capaces de alcanzar la meta, pero para llegar a algún lugar que merezca la pena será necesario levantarse y empezar a caminar.
¿Qué podemos hacer para recorrerlo y disfrutarlo al mismo tiempo? Esta es nuestra propuesta:

- El primer paso, el fundamental, siempre es el mismo: pregúntate hacia dónde vas.
Para iniciar un camino es necesario tener una meta, un lugar al que llegar. Caminar por caminar, sin rumbo alguno hará que abandonemos a la primera dificultad ya que no sabremos hacia qué propósito dirigimos nuestro esfuerzo, o que nos perdamos por el camino tomando cualquier vereda que encontremos a nuestro paso.
Procura que la meta a la que aspiras te estimule y sea posible lograrla. No te quedes demasiado cerca del lugar de donde partes de manera que no te suponga el más mínimo esfuerzo ni demasiado lejos que te impida llegar.

- Ajústate las botas más adecuadas para ti. Si te calzas un número menos tendrás el pie aprisionado y te dolerá, avanzarás muy despacio y con mucho sufrimiento. Si por el contrario te calzas unas más grandes de las que te corresponden, te bailarán, te harán rozaduras y tendrás que parar a menudo para colocártelas bien. Tus botas, las que te corresponden, estarán rígidas al principio y tendrás que adaptarte a ellas, pero conforme camines se volverán cada vez más cómodas y se ajustarán a tu pie y a tu modo de andar hasta formar casi parte de tu cuerpo.

- Carga tu mochila sólo con lo necesario. Deja atrás el peso inútil que te ralentiza y te deja dolorido.

-  Disfruta de cada etapa del camino. No esperes a llegar al final para sentirte satisfecho contigo mismo. Cada etapa superada, cada río surcado, cada montaña subida, es un logro importante y un paso más que hay que celebrar.

- Adáptate a los cambios que vayan surgiendo en tu travesía. Abrígate cuando llueva o haga frío, descansa cuando tu cuerpo te lo pida o continúa un poco más cuando las condiciones sean favorables.
- Las situaciones difíciles y los conflictos bien resueltos harán que te conozcas mejor a ti mismo y de darán mayor seguridad para recorrer el camino. No los busques, pero si se te presentan no los evites y afróntalos con valentía.

- A lo largo del camino encontraremos personas que nos acompañarán durante algunas etapas de la travesía, otras veces nos encontraremos recorriendo tramos inciertos completamente solos, y en ocasiones, notaremos incluso que vamos en sentido contrario al resto de las personas que nos rodean.
De todas ellas, unas te ayudarán a cruzar puentes y ríos, a otras las tendrás que ayudar tú compartiendo tus alimentos o abrigo, también las habrá que quieran que recorras su camino por ellas o que te desvíes de tu ruta para seguir las suyas. Por eso es tan importante saber hacia dónde vas y continuar hacia tu meta sin cargarte con responsabilidades ajenas ni convertirte en un lastre para otros.

- Da el primer paso y empieza tu viaje, toma decisiones, aprende de tus errores, disfruta de lo bueno, comparte lo que tienes y lo que has aprendido, y sobre todo, vive.

¡¡¡Que tengas un buen camino!!!


(Fotografía: Bota del peregrino, en Finisterre)