"HAZ DE TU EXISTENCIA UNA OBRA DE ARTE"

Sirena varada


Hoy os traemos nuestra versión de un cuento muy conocido que nos habla sobre la importancia y necesidad de la diferencia entre las personas y sobre los dones únicos y especiales que cada uno posee.

"Una mañana de tormenta la joven sirena conoció el amor. Un muchacho hermoso de ojos asustados que se abandonó a sus brazos en un encuentro fugaz para salvarse de la furia del mar. Sucedió entonces que él salvó su vida pero quien quedó atrapada en una prisión más dulce y peligrosa que el mar, fue ella. Pronto empezó a obsesionarse con él. Daba excursiones cada vez más cerca de tierra firme que tenían en él su único propósito; quería verlo, olerlo, tocarlo. Como no podía apartarle de sus pensamientos ni confiarle a nadie su secreto, fue a ver a la hechicera de los fondos marinos para que la aconsejara. La vieja hechicera le contó cómo era el amor de los humanos y creyendo que la anciana hablaba de eso que a ella le abrasaba las entrañas, la joven sirena dejó de lado a su familia, amigos y a un alegre tritón que la cortejaba y la consideraba el ser más maravilloso del mundo, para transformar su iridiscente cola de pez en unas piernas como las de las muchachas terrestres. Dolió, dolió mucho y además en el cambio, también se apagó su voz. La voz legendaria de las sirenas y su canto inmortal.

Por fin halló a su príncipe y se quedó con él, orgulloso de tenerla a su lado, dotada de aquellas piernas gráciles y suaves en lugar de esa cola resbaladiza que lo avergonzaba. Para ella, sin embargo, los interminables paseos al atardecer eran un tormento; a cada paso que daba, sentía como si miles de agujas se le clavaran en la planta del pie recién estrenada. Él hablaba y hablaba, no paraba de hablar, y ella no podía más que sonreír y mirarlo embelesada aunque por dentro le bulleran mil pensamientos que necesitaba expresar.
Pasó el tiempo y el joven príncipe se cansó de la jovencita que nunca hablaba ni opinaba de nada, que solo se miraba las piernas aturdida y parecía estar siempre a punto de llorar. Conoció entonces a otra princesa. No era tan bella como su sirenita ni tan generosa, pero era risueña y parlanchina y quiso casarse con ella.

Y así fue como la joven e inexperta sirena, creyó que para ser amada debía cambiar la cola de pez que la hacía especial, aunque doliera, y olvidar su voz. Y fue entonces, cuando se vio sola, dolorida y callada, que entendió que el amor verdadero se enorgullece de tu esencia y nunca ahoga tu voz, sino que hace todo lo posible para que se oiga cada vez más fuerte y en todas direcciones".

Dedicado a Andersen y sus maravillosos cuentos, pero sobre todo, a las miles de personas del mundo que odian sus cuerpos y apagan sus voces, escuchando los consejos de quienes no las quieren, para complacer a otros. 
Todos somos hermosos en nuestra diferencia. No lo olvidéis.