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La muerte como tabú


Si curioseamos por cualquier librería veremos gran cantidad de libros dedicados al embarazo, el nacimiento, los primeros años de vida de un ser humano, cómo evitar ciertas enfermedades, cómo alargar la juventud, etc.
Somos una sociedad que vive de espaldas a la muerte, a la real y a la que toca de cerca, mientras que, paradójicamente, vivimos rodeados de ella por todas partes aunque percibida como la secuencia de una película, la imagen de un telediario o la foto que se vislumbra de refilón en internet. Es algo que les pasa a otros, es ficticia, desagradable y molesta. Los muertos ya no se velan en las casas porque lo civilizado son las visitas fugaces a los tanatorios. Nos sabemos todas las metáforas posibles sobre el dejar ir, el lugar mejor, el paso a un estadio energético más elevado... sí, pero la muerte llega y casi nunca estamos preparados para afrontarla, porque nunca nadie está preparado para la pérdida irremediable de la voz, el gesto o la risa espontánea de alguien a quien se ama profundamente. Todo eso se pierde para siempre, y lo que queda es el miedo a la propia soledad y una enorme tristeza. La tristeza es cómoda, se descansa fácilmente en ella, te mece en un estado hipnótico del que cuesta salir y además se alimenta de sí misma porque necesita ser expresada continuamente: hay que hablar de ella, escribir sobre ella, tratar de entenderla. La alegría y la felicidad se viven, se disfrutan, no tienen que ser entendidas ni explicadas. Sin embargo, al reflexionar sobre la muerte, en realidad reflexionamos acerca de la vida.


Visiones acerca de la muerte

Dependiendo de nuestras creencias o contexto cultural tenemos una u otra visión acerca de la muerte.

- Cristianismo, Judaísmo, Islam:
La muerte es el paso de la vida terrena a la vida eterna libre de dolor y sufrimiento. Supone una separación del cuerpo (que se corrompe) y del alma (que vive para siempre).

- Tíbet:
Entre los tibetanos, las actitudes hacia la muerte están desprovistas del tabú general que encontramos en Occidente. Allá, se encuentra a la muerte con respeto y veneración. El que exista la muerte se considera como un estimulante para el desarrollo del hombre y la trascendencia de su vida. Uno de los principios del sistema budista es el carácter transitorio y el cambio constante del universo entero, del carácter transitorio de la vida y del valor precioso de este momento mismo, del aquí y el ahora.
El “Libro tibetano de los muertos” (Bardo Thodol) es un tratado sobre cómo orientar y guiar a la persona hacia el Bardo (estado que media entre la muerte y el renacimiento) después de la muerte física, para que no se deje desviar por los recuerdos de la vida y los seres que acaba de dejar.

- Budismo:
El budismo ve las vidas en el contexto del macrocosmos. La vida existe siempre de una forma u otra, siguiendo un ciclo interminable de nacimiento y muerte, decadencia y renovación. Se puede equiparar a la ley física de la energía no se crea ni se destruye, sino que se transforma.

- Hinduismo:
Este pensamiento concibe la muerte como la unión del alma individual con el alma Universal, por lo que se cree que al morir se pasa a otra forma de existencia, esencialmente espiritual, en unión con el Absoluto o principio supremo (Rig Veda, Los Upanishads)
Según el hinduismo, cada persona vive muchas vidas a lo largo de su existencia y a este ciclo se le denomina samsara. Cuando una persona muere vuelve a nacer en otro cuerpo. El objetivo vital es el de perfeccionarse hasta liberarse al salir de este ciclo de reencarnaciones (moksa).

- África
La forma religiosa africana más arcaica es el totemismo, que prevalece, en casi todas las regiones de África. El totemismo ha sido el que ha generado la adoración de los antepasados y a ésta se encuentra vinculada, desde tiempos inmemoriales la adoración de los muertos. Los difuntos continúan viviendo como ánimas o espíritus que conservan externamente su apariencia terrenal o asumen temporalmente el aspecto de animales. De esta forma, los muertos continúan siendo miembros del clan, no abandonan la comunidad y se vive como un hecho feliz.

- Sintoísmo:
Significa "El camino de los dioses". En su origen, surge como una religión que rinde culto a los fenómenos naturales y es politeísta.
Desde esta religión se piensa que al morir no hay un final definitivo, sino una evolución progresiva y sin final. La mitad inferior del alma vuelve a la tierra de donde procede y la otra va al cielo donde se transforma en kami (deidad), alma o espíritu eterno. La costumbre es la de crear un pequeño altar en la casa dedicado a la persona fallecida.

En los últimos años, muchos investigadores están trabajando en las experiencias cercanas a la muerte (ECM) desde una base científica tratando de explicar fenómenos que se presentan invariablemente en personas que las han experimentado, como el túnel con una luz al fondo, la visita de seres queridos ya fallecidos, etc. A este respecto tenemos en España los trabajos de José Miguel Gaona "El límite" o "Al otro lado del túnel", por si os interesa.


¿Cómo explicar la muerte a los niños?

Muchos padres, o adultos en general, no saben cómo afrontar el hecho de tener que explicar la muerte a los niños y utilizan expresiones que si no llegan a entenderse bien, más que tranquilizar asustan. La imaginación es muy poderosa y lo que los niños pueden llegar a creer sobre eufemismos como "se ha ido", "está durmiendo", etc. puede ser mucho más terrorífico para ellos que la verdad bien explicada.
Tampoco es buena idea centrase en explicaciones detalladas sobre una enfermedad o sus consecuencias.

Como ejemplos para explicar la muerte podrían ser:
- La transformación del agua en sus diferentes estados: cómo cambia su forma (líquida, gas o sólida) sin perder su esencia.
- El ciclo de la naturaleza y las estaciones.

Es importante hacerles ver que sus rutinas continuarán (colegio, comidas, salidas, etc.) para que se sientan seguros y arropados en su entorno. Es necesario, además, que vean como normal mostrar sus sentimientos. Si nos escondemos para llorar, ellos pensarán que se trata de algo malo y ellos mismos evitarán mostrar sus sentimientos también.

Los antiguos místicos decían que había que tener siempre presente a nuestra muerte, que siempre podíamos estar ante nuestra última batalla y que era responsabilidad nuestra decidir cómo queríamos librarla: elige cómo vivir cada día que pasa, sabiamente, y no le temerás a la muerte. Pero se nos olvida, hasta que una vez más llega y nos lo vuelve a recordar, diciéndonos que no tenemos tanto tiempo como para andar perdiéndolo en lo insignificante, que nos levantemos y nos aferremos a la vida, a la alegría, a las ganas de luchar, aprender y amar. Ese es su mensaje que quizá sea bueno retomar.

Si quieres contarme tus impresiones ya sabes que estoy en liberapsi@gmail.com