"HAZ DE TU EXISTENCIA UNA OBRA DE ARTE"

Nosotros y nuestro entorno


Cuando nos pensamos en relación a nuestro entorno generalmente lo hacemos en referencia al entorno social, a las personas que nos rodean, pero pocas veces caemos en la cuenta de cómo nos afecta el entorno medioambiental y su degradación a la hora de llevar a cabo nuestras actividades diarias o nuestra vida en general, sin embargo, el medio ambiente en el que nos desarrollamos personal y profesionalmente y la sobrecarga de estímulos a la que estamos acostumbrados en nuestro día a día tiene mucha más influencia en nuestra salud y bienestar, tanto físico como mental, de la que pensamos. De esta relación individuo-ambiente surge la Psicología ambiental, disciplina que se ocupa de la interacción del ambiente físico, cultural y social, y las relaciones interpersonales para cuya mejora y cuidado trabaja de manera conjunta con otras como la Arquitectura, el Urbanismo, la Educación y la Biología.

¿Cómo nos afecta el entorno ambiental?

Ruido: El tráfico, las obras, el gentío constante... en las ciudades el ambiente sonoro se transforma en ruido y se vive como una molestia que reduce la posibilidad de vivir los espacios abiertos como agradables y los limita a ser lugares de paso de los que escapar cuanto antes. 
El ruido, aunque nos afecte siempre, lo hace de manera más intensa cuando lo percibimos como innecesario, cuando lo asociamos a emociones negativas o a situaciones de estrés y cuando es intermitente e imprevisible mucho más que si es predecible y continuo.
Niveles altos de ruido pueden desencadenar un conjunto de reacciones y modificaciones en el organismo que se manifiestan tanto a nivel fisiológico (alteraciones hormonales, cardiovasculares, respiratorias) como psicológico (falta de concentración, alteraciones del sueño, ansiedad, molestia, inestabilidad emocional) y comportamental (deterioro del clima social, irritabilidad, agresividad)
Por el contrario un entorno silencioso favorece el sosiego y la tranquilidad, facilita la concentración, la empatía y una buena interacción social.

Clima: Todos, en mayor o menor medida, nos sentimos diferentes dependiendo de la estación del año en que nos encontremos. Hay lugares donde no se vive el paso de las estaciones de forma diferenciada y se pasa de un invierno feroz a un verano tórrido casi de un día para otro alterando las emociones y el comportamiento de sus habitantes de forma negativa. Creencias tradicionales y estudios que relacionaban los cambios estacionales (sobre todo el paso a la primavera o al otoño) con el suicidio fueron desmentidos posteriormente por otros que demostraban que las altas tasas de suicidio se relacionan con las horas de sol y las precipitaciones de un determinado lugar independientemente de la estación del año.

En cuanto a las temperaturas, mientras las frías generalmente desaniman, las templadas favorecen el buen ánimo, aumentan la empatía, nos vuelve más creativos y generosos, así como el calor genera irritabilidad y agresividad.
Estos cambios en el estado de ánimo y la salud en general son más acusados en las personas meteorosensibles, aquellas a las que el cambio de temperatura ya sea leve o extremo, influyen negativamente tanto a nivel físico  como psicológico.

Otro de los factores que más influyen en el estado de ánimo de las personas es el viento, aunque parece ser que el viento por sí mismo no produce ninguna alteración, sino que los efectos los provoca cuando está asociado a corrientes de aire al cambiar de forma repentina parámetros como la humedad, la temperatura o la presión, y al arrastrar consigo componentes gaseosos y partículas sólidas suspendidas en el aire. En estos casos de vulnerabilidad es posible que algunas personas sufran problemas de atención, ataques de pánico o que salgan a la luz depresiones latentes. 

Contaminación: La que más nos afecta y de la que pocas veces se habla es la contaminación lumínica. La luz es el elemento que regula los ritmos circadianos del organismo y los ciclos de actividad-descanso y, por tanto, la vida laboral y social de las personas. La contaminación lumínica no solo afecta a los seres humanos, sino también a los animales de la urbe; a buen seguro que más de una vez habéis escuchado a los pájaros cantar a las tres de la mañana sobre las farolas creyendo que ya es de día.

Ionización del aire: Radiaciones de alta frecuencia como la radioactividad, además de provocar efectos nocivos para nuestra salud y enfermedades como el cáncer, ocasiona alteraciones en nuestro estado de ánimo. Estas radiaciones se encuentran también en la naturaleza, pero en forma de iones negativos presentes en las tormentas o en los ríos; estos iones negativos aportan bienestar a nuestro organismo, mientras que la ausencia de estos ocasiona malestar, sensación de apatía, tristeza e irritabilidad en las personas. Cabe destacar que, además de los iones de alta frecuencia, la ionización del aire se produce por radiaciones de baja frecuencia como los generados por los electrodomésticos (microondas, aspiradoras, etc.) y que en mayor o menor medida, también afectan a nuestro bienestar general, según los expertos. 

Como podemos ver, el entorno influye en nosotros tanto como nosotros influimos en él. Es un círculo del que formamos parte indisoluble y que nos condiciona lo queramos o no, de ahí la necesidad imperiosa de cuidar de él y mantener su equilibrio para que a su vez, él nos cuide. 


¿Cómo te afecta el entorno en el que vives? Cuéntamelo en liberapsi@gmail.com