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Abordando el suicidio



A lo largo de la vida experimentamos situaciones y circunstancias en las que sentimos un intenso dolor emocional, a veces tanto, que pensamos que no podremos superarlo. En estas circunstancias hay personas que se sienten tan desesperanzadas, que creen que nunca serán capaces de salir de él y afrontar de nuevo su vida. Según las circunstancias personales, los recursos propios, la soledad o el aislamiento en que se vivan estos momentos, es cuando pueden aparecer los pensamientos suicidas. 
Se consideran pensamientos suicidas todos aquellos pensamientos que tiene un individuo referentes a quitarse la vida de forma intencional y planificada. Estos pensamientos van desde la idea o el deseo de morir a la planificación de actuaciones concretas para llevarlo a cabo. La mayor parte de los pensamientos suicidas se tienen en momentos de intenso dolor y sufrimiento emocional en el que no se ve salida posible. El individuo siente que independientemente de lo que haga no va a poder modificar el motivo de su sufrimiento.
Si bien es cierto que los pensamientos y deseos de muerte pueden aparecer en una ocasión puntual, en general cuando hablamos de pensamientos suicidas, hacemos referencia a un patrón de pensamiento recurrente. 
En una sociedad en la que las muertes por suicidios aumentan cada año, sigue siendo este un tema tan complejo como silenciado en todos los ámbitos y medios de nuestro entorno, sobre todo porque se trata de algo que nos asusta y desconcierta y, a menudo, alimentado por ciertos mitos que no contribuyen a su visibilización.

Mitos sobre el suicidio
Muchas de las ideas comunes respecto al suicidio no son ciertas
- La gente que habla de suicidarse en realidad no lo hace. Esto es falso. La mayoría de las personas que comete suicidio o lo intenta ha avisado directa o indirectamente.
- Si una persona está decidida a matarse nada ni nadie puede impedirlo: La mayoría de las personas que piensan en el suicidio no quieren morir; sólo quieren librarse del dolor emocional. De hecho, experimentan sentimientos mezclados entre el deseo de vivir y la necesidad de morir para liberarse del dolor hasta el último instante.
- Quien se suicida "está loco": el dolor emocional extremo no es necesariamente un signo de enfermedad mental.
- La mejoría después de un intento significa que ha desaparecido el riesgo. 

¿Qué sucede en el cerebro?

A nivel neurobiológico se han encontrado niveles bajos de serotonina en personas con depresión e ideación suicida, con lo que el tratamiento farmacológico se centra en aumentar estos niveles. 
Las hormonas que evitan los estados depresivos, como la dopamina y la noradrenalina, también tienen gran importancia en estos tratamientos. 


Factores de riesgo de la conducta suicida

En las personas en riesgo puede haber algunos factores que predisponen a la conducta suicida como son:

- Haber sufrido sucesos traumáticos en la infancia.
- Tener una historia previa de intento suicida o de suicidio en la familia.
- Nivel alto de impulsividad e inestabilidad emocional.
- Carecer de recursos de afrontamiento adecuados. 

Esta predisposición puede interactuar con ciertos factores precipitantes como son:

- Fase aguda de un trastorno mental.
- Fácil acceso a métodos letales.
-Vivencia de un acontecimiento adverso reciente (especialmente si implica un sentimiento profundo de humillación).

La vulnerabilidad psicológica se acentúa si a ella se suman ciertas circunstancias psicosociales, como 

- Estar separado o sin pareja.
- Enfermedad crónica.
- Abandono por parte de sus seres queridos.
- Pérdida de estatus social o quiebra económica. 
- Aislamiento social (esto es especialmente importante en adolescentes y ancianos).


Factores de protección de la conducta suicida

Muchas personas pueden sufrir sucesos adversos y sin embargo, mostrarse resistentes al pensamiento suicida. Esta capacidad de resistencia se relaciona con algunas dimensiones de personalidad como una autoestima adecuada, control de impulsos, estabilidad emocional y recursos personales adecuados, sobre todo relacionados con la toma de decisiones, resolución de conflictos o habilidades sociales. De igual manera, los valores espirituales o religiosos de la persona, sirven de protección a la idea y conducta suicida.

Así mismo, factores como el apoyo familiar y social, tener hijos pequeños, estar integrado en el entorno comunitario e incluso la presencia en el hogar de animales domésticos, potencian esta resistencia al suicidio. 

Indicativos de que una persona puede estar pensando en suicidarse
Estas señales, que pueden ser conscientes o inconscientes, son en la mayoría de las ocasiones un grito de ayuda a las que conviene prestar atención.
- Expresiones como: "todo el mundo estaría mejor sin mí", "pronto me iré", "ya me echaréis de menos cuando no esté", "quisiera dormir y no despertarme más".
- Atención excesiva por la muerte: hacer referencia, hablar continuamente o escribir sobre ella.
- Hacer testamento, arreglar papeles, desprenderse o regalar objetos propios que considera valiosos.
- Después de un periodo de profunda depresión, de repente la persona está muy relajada y contenta, esto es porque cuando una persona ha tomado la decisión de suicidarse, la preocupación desaparece. 
- Visitar a amigos y familiares a los que hace tiempo que no ve.
- Cambio de comportamiento: incapacidad para concentrarse o realizar las tareas rutinarias, haber tenido muchos accidentes recientemente o se implica en conductas de riesgo, como exceso de velocidad, consumo de alcohol o sustancias, etc.

- Cambio en los patrones de sueño: hipersomnia o insomnio, pesadillas. 

- Cambio en la alimentación: pérdida de peso excesiva o al contrario. 
- Acumular fármacos.

¿Qué hacer en este caso?
Lo primero es tratar de preguntar. Hay que olvidar la idea de que al hablar o preguntar sobre el suicidio estaremos fomentándolo. No es cierto. Las personas en esta situación, viven sus sentimientos y pensamientos desde una profunda soledad y un gran aislamiento, por eso, es muy importante empatizar con la persona y sus sentimientos, de manera que pueda expresarlos y se sienta comprendida. 
- Averigua si existe un riesgo inmediato de suicidio: pregúntale si tiene intención de hacerlo o sólo lo ha pensado, si tiene un plan y cuándo lo llevaría a cabo.
- No le dejes solo. 
- Quita cualquier cosa que pudiera utilizar para hacerse daño.
- Escucha atentamente lo que tenga que decirte sin juzgarle. Intenta empatizar, entender lo que siente.
- No minimices sus sentimientos con expresiones como "no te preocupes, no es para tanto" ni lo culpabilices "harás mucho daño a tu familia", "ellos no querrían eso de ti".
- Deja que exprese sus sentimientos, que llore, grite o se enfade. 
- Háblale de que los deseos de suicidio son temporales, remiten con el tiempo y merece la pena intentar sobreponerse ya que una vez hecho no tiene remedio.  
- Ayúdale a encontrar ayuda profesional y muéstrale tu apoyo.

¿Qué puedes hacer si piensas en el suicidio?
Piensa que la mayoría de los suicidios ocurren durante los tres primeros episodios depresivos, cuando terminan, los pensamientos suicidas son siempre transitorios y la necesidad de llevarlo a cabo disminuye. 
Evita las drogas y el alcohol. El suicidio, en la mayoría de las ocasiones, sucede en un impulso repentino que estas sustancias propician.
Hay más soluciones alternativas al suicidio, solo que en estos momentos no puedes verlas. Por eso, habla con personas que te quieren y en las que confías para que te ayuden a encontrarlas. Haz una lista con las cinco personas a las que podrías recurrir. En el momento en que te surja el pensamiento del suicidio, llama a la primera persona de la lista y habla con ella. Si no está o no te presta atención llama a la siguiente.
Habla con las personas importantes para ti de lo que te sucede. 
No te enfades contigo mismo ni te culpabilices.
En tus buenos momentos escribe qué piensas, cuáles son tus metas, tus deseos de futuro, qué valoras en la vida, qué personas te hacen bien, etc. Tu vida es muy importante y necesitas recordártelo a menudo. 
Y sobre todo, acude a un profesional de inmediato. 



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