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Vivir con el dolor crónico



El dolor es una experiencia perceptiva desagradable y, en la mayoría de las ocasiones, es tan importante el daño físico que lo causa como las consecuencias que éste tiene a nivel biológico, psicológico y social para la persona, ya que la vivencia del dolor puede llegar a ser devastadora y modificar por completo la vida y entorno de quien la sufre. 
En condiciones normales el dolor cumple una función adaptativa al mostrarnos que algo no funciona bien en nuestro cuerpo, de esta manera podemos buscar una solución al problema que subyace y así evitar males mayores. 
En función de la duración del dolor:
       - Dolor Agudo. Es aquel que tiene una duración limitada en el tiempo, es pasajero y el daño que lo ha provocado se conoce y, en mayor o menor medida, puede remediarse.  
       - Dolor Crónico. Cuando la sensación de dolor se hace persistente en el tiempo y el propio síntoma se convierte en un trastorno. No siempre se conocen las causas del dolor. Actualmente es uno de los problemas de salud más relevantes y de mayor impacto para la persona que lo sufre y su entorno.
En función del origen del dolor:
- Orgánico. El origen del dolor es un trastorno biológico que puede ser identificado.
- Psicógeno. Cuando el origen es psicológico; esto es, que las emociones y la conducta de la persona que lo sufre son fundamentales en el origen, el mantenimiento o en la evolución del dolor.
¿Es lo mismo dolor que daño?

El dolor es la percepción de un daño infligido a nuestro cuerpo. En la percepción del dolor intervienen factores psicológicos que hacen que el dolor se perciba de una manera diferente entre las personas. 
Hay algunas que tienen un umbral muy bajo de dolor y otras que lo tienen muy alto con lo que llegan a soportarlo mejor.


Consecuencias psicológicas del dolor físico:

Ansiedad
La experiencia de dolor está asociada al miedo y a la ansiedad, aunque son estados emocionales diferentes. El miedo es generado por una amenaza presente e inminente y motiva una respuesta defensiva activa (huida). La ansiedad, por el contrario, surge desde la anticipación y motiva una respuesta defensiva pasiva (evitación).
Diversas investigaciones en dolor muestran que el miedo a un estímulo externo puede inhibir el dolor mediante la segregación de opiáceos endógenos. 
La ansiedad anticipatoria y el miedo asociado al dolor se transforman en emociones desadaptativas cuando el dolor persiste en el tiempo; este se convierte en una amenaza y para controlarlo hay un excesivo control atencional, de manera que a la más mínima señal de dolor la persona expresa una conducta de evitación que acaba limitando sus movimientos y actividad física con el consecuente deterioro. 
En el lado opuesto nos encontramos con el denominado fenómeno denominado "analgesia afectiva"; esto es, los estados emocionales proactivos y positivos en cuanto a la percepción del dolor se asocian a la reducción del mismo. En este caso se activan los sistemas neuronales dopaminérgicos que reducen las reacciones emocionales al dolor.  
Otras investigaciones en dolor también han estudiado los procesos emocionales que podrían atenuar la actividad de los circuitos cerebrales asociados al dolor, como por ejemplo la práctica de la meditación o el mindfulness.
Depresión
La depresión se asocia a situaciones de mayor intensidad del dolor y constituye un importante factor de incapacidad personal.
Trastornos del sueño
- Baja autoestima
En nuestra lucha contra el dolor generamos cambios para tratar de disminuirlo o anularlo, cambios que no siempre cumplen el objetivo, sino que incluso lo empeoran. 
- Cuando sentimos dolor en una zona del cuerpo tendemos a adoptar posturas, tomar medicamentos, etc. que si se trata de un dolor pasajero surte efecto y lo calma, pero que si es crónico lo acaban aumentando. Esta lucha provoca una sensación de fracaso y un mayor sufrimiento que el que ya experimentábamos. El sufrimiento es una reacción afectiva a un estado emocional; esta reacción puede ser más fuerte e intensa que el propio dolor y generar situaciones más que lo mantengan o empeoren.
- A veces, obtenemos lo que se denominan "ganancias secundarias" con el dolor. Esto es, recibo más atención de la cuenta por parte de quienes me rodean, no tengo que ir a lugares o realizar tareas que me desagradan, tengo "excusas" para lo que no quiero hacer, etc. Esta actitud que en principio, podía resultar ventajosa, no lo es en absoluto ya que deteriora y limita nuestras capacidades. 
- El dolor, sobre todo crónico, provoca una serie de cambios en la vida de una persona entre los que se encuentran el rendimiento laboral o las relaciones sociales. A veces, para que este cambio no repercuta de forma negativa en la economía o el mantenimiento del propio puesto de trabajo, la persona llega a esforzarse tanto que entra en un cuadro de estrés y ansiedad que empeora su estado inicial. 
Desde que se presenta un estímulo doloroso, el organismo responde como un todo, activándose una secuencia de procesos psicológicos que actúan como resultado del aprendizaje y las condiciones socioculturales.

Estrés emocional
Los individuos muestran amplias diferencias en sus habilidades para regular tanto las emociones como sus juicios y atribuciones respecto al dolor; sus creencias respecto a la enfermedad; sus expectativas de asistencia y de apoyo emocional, así como su sentido de control y dominio sobre el dolor.

Creencias y actitudes

Este es un factor cultural y de aprendizaje importante. Todos tenemos unas expectativas respecto a lo que supone una enfermedad, cómo afrontarla, cómo y en cuánto tiempo recuperarse, etc. 

En la interpretación exagerada y negativa del dolor y sus consecuencias, un hecho de pequeña importancia o neutro puede ser transformado en una catástrofe. Esta creencia ha mostrado estar asociada a una variedad de problemas que limitan las actividades, dificultan la recuperación y aumentan el riesgo de cronicidad.

-  Bajas expectativas de recuperación 

Esta creencia la encontramos sobre todo asociada a tiempos prolongados de dolor, en el que se han limitado mucho las actividades habituales y se percibe, por ejemplo, el regreso al trabajo como una amenaza. Constituye uno de los factores más relevantes para la recuperación de la persona. 

- Autoeficacia

Se refiere a la creencia respecto a las capacidades propias para la mejora. La creencia sobre una baja eficacia respecto al dolor se caracteriza porque la persona cree que no es capaz de superar el dolor y hacer frente a las tareas cotidianas. Esto provoca que persista el dolor y la incapacidad asociada a él.
Trabajar las creencias de la persona y tratar de modificar las negativas y desadaptativas es uno de los factores más importantes para lograr la recuperación. 

Consecuencias en las relaciones personales:
- Problemas en las relaciones familiares, de pareja y amistad.
- Aislamiento
- Disminución o pérdida del apoyo social.

Consecuencias en la calidad de vida:
- Disminución o eliminación de cualquier actividad física por el temor a un empeoramiento o a recaídas. 
- Disminución de la independencia personal e intimidad.
- Pérdida de actividades de ocio y entretenimiento.
- Percepción de una pérdida de estatus social y económico.

Consecuencias a nivel laboral:
- Baja laboral.
- Incapacidad temporal o permanente.
- Pérdida de poder adquisitivo.


Como podemos ver, la vivencia del dolor físico puede llevar a un sufrimiento psicológico intenso y permanente, además de que repercute en todas las áreas en las que interactúa la persona, por eso es necesario el abordaje multidisciplinar del mismo; desde la Psicología disponemos de técnicas y profesionales que pueden ayudarte. 
Y ya sabes que si me necesitas, estoy en liberapsi@gmail.com